Historia de la Sierra

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Historia de la Sierra

Se sabe a ciencia cierta que la región está habitada desde la prehistoria, porque se han hallado pinturas rupestres en varios sitios.

Las pinturas rupestres más conocidas son las del canchal de las "Cabras pintás", de las que habla Lope de Vega en su libro “Las Batuecas del duque de Alba”, pero hay ya descritos más de una docena de canchales con pinturas. Son polícromas: sus colores son rojos, ocres, marrones, negros e incluso blancos. Las representaciones pictóricas son muy variadas: algunas figuras humanas, cabras, ciervos, osos, lobos, linces, toros, peces, árboles y numerosas figuras (puntos, barras, círculos, espirales, cercas, ...) . Según los estudiosos del tema probablemente fueron pintadas desde el Neolítico, Edad del Bronce o incluso en la Edad del Hierro.

En época prerromana la Sierra de Francia estuvo habitada por los vettones, uno de los pueblos íberos. Hay citados numerosos restos de castros, o poblados de estas tribus repartidos por la zona. Los romanos también dejaron su huella en la región: al pie de la Peña de Francia, en el pueblo de El Cabaco, hay excavados unos enormes surcos, de cientos de metros de longitud , “Las Cávenes”, que forman parte de un complejo sistema para lavar los sedimentos de la zona y extraer oro. Aún hoy día, con un poco de suerte es posible encontrar alguna pepita de oro en el río. También quedan restos de dos calzadas romanas que atravesaban la zona y puentes en Sotoserrano y El Cabaco.

En la Edad Media, entre los siglos XII y XIII se produjo la repoblación por decisión del rey Alfonso IX. Del flujo de gente que llegó a esta tierra, parte destacada fue la de origen francés a través de D. Raimundo de Borgoña, noble francés casado con doña Urraca, una de las hijas de Alfonso VI. Este origen justificaría la numerosa presencia de topónimos franceses en la Sierra de Francia.

A finales del siglo XII la Sierra de Francia fue fortificada y repoblada por orden del rey Alfonso IX. Parte de los repobladores pudieron ser franceses traídos por el conde Don Raimundo de Borgoña, casado con la hija del rey, doña Urraca. Para algunos, este hecho justificaría los nombres de Sierra de Francia, rio Francia, Peña de Francia, Mesa del Francés que tanto llaman la atención a los forasteros. ¿quién sabe? pero lo cierto es que abundan apellidos como Bernal, Gascón, Martín de procedencia gala.

En el siglo XV se instituye el Condado de Miranda del que dependen la mayoría de los pueblos de la zona, entre ellos Monforte. En 1434 se encuentra la imagen de la Virgen en la cima de La Peña, y se edifica el santuario. También son de este tiempo los demás conventos de la zona, salvo el que hay en el fondo del valle de Batuecas que se funda en 1557.

Los bancales o "paredones" son probablemente utilizados desde la Edad Media. A la derecha, se ven algunos bancales cultivados en la actualidad.

Es al comienzo de la Edad Moderna cuando la Sierra de Francia adquiere su identidad que nos llega hasta hoy. Cuando los reyes Católicos decretan la expulsión de los judios y moriscos de España, se produjo el asentamiento en esta zona de muchos conversos de estas etnias. Su influencia se nota con fuerza: las calles son estrechas, tortuosas y laberínticas, los voladizos de las casas cierran el paso al sol consiguiendo ese ambiente acogedor reservado e íntimo que caracteriza a los pueblos árabes y a las juderías. Por otra parte la necesidad de mostrar al exterior su condición de cristianos,( de conversos) hace que en muchos dinteles de las puertas estén grabados simbolos cristianos, “Ave María”, “JHS”.

Monforte se independizó del Condado de Miranda en el año 1752, cuando el rey Fernando VII le concedió el título de Villa. De este tiempo hay datos sobre la economía del pueblo. Sabemos que el oficio más numeroso era el de arriero, y que los maestros carpinteros eran 14, lo que da una idea de la riqueza forestal del término ya en aquellos años. El cultivo de lino para la confección de tejidos también era importante, asi como la cría del gusano de seda, de hecho había censados 13 maestros tejedores. También ya en esta época era importante el número de colmenas, pues la cera y la miel eran dos productos básicos en el comercio del partido. Otros productos del pueblo eran el vino, aceite, frutas de temporada, maderas de roble y castaño, muebles, calzado, curtidos y carnes.

Aún se conserva el rollo utilizado para imponer las penas de la Inquisición, en la plaza de la fuente.Entre 1754 y 1827 la población de Monforte pasó de 82 a 148 familias, lo que representaría, probablemente, pasar de unos 350 a más de 600 habitantes. Este aumento tan acusado se produjo a pesar de que la Guerra de la Independencia fue muy dura por estas tierras. La presión demográfica obligó a transformar una buena parte de los bosques de castaños y robles que rodeaban la población en nuevas tierra de cultivo. Se construyeron paredes de sujeción de la tierra y numerosos pozos y las laderas se llenaron de cultivos escalonados en terrazas o “paredones”, que hoy caracterizan el paisaje serrano, aunque muchos hayan sido abandonados y vueltos a recuperar por el bosque.

Hoy día, a pesar de que la población se ha reducido mucho por la fuerte emigración a las ciudades, se siguen manteniendo las tradiciones y las fiestas. Monforte sigue teniendo ese ambiente acogedor y familiar que hace que sus hijos mantengan arregladas sus casas y regresen siempre que pueden.

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